Conforme Miguel salía del Flower, buscaba su móvil en la mariconera y mientras caminaba hacia la moto le enviaba un sms a Carolina que decía: “¿Dónde te recojo?”. No pasaron ni 30 segundos cuando Miguel recibió la respuesta a la pregunta: “Estoy sola en casa, te espero aquí”.
Miguel se puso el casco, arrancó la moto y recorrió el escaso kilómetro que había entre él y la casa de Carolina. Era una de las pocas casas bajas que quedaban en el barrio y Carolina nada más escuchar la moto entorno la puerta. Nada más atravesar el umbra de la puerta, Miguel pudo verla, tan guapa como siempre, más aún sin maquillar, además de lucir como nadie con un pijamita corto de Betty Boop.
Seguía ensimismado con su presencia cuando ella se percató de la suya.
- ¡Hola, guapo! Que pronto has llegado – me dijo con ese brillo único en sus ojos azules.
- Sí, me pillaste de camino…Ejem, bueno y dime, ¿cómo es que estás sola? – dijo aclarándose la voz y quitando la cara de tonto que se le quedó al verla.
- Mis padres tuvieron que ir a un duelo al pueblo, pero no te quedes ahí pasa, deja las cosas encima de esa mesa y siéntate aquí conmigo.
Hizo lo que le ordenó y mientras soltaba las cosas su mente ya iba 10 minutos por delante de él, pensando de qué forma iría a ocurrir esta vez.
Se sentaron los dos en el sofá, ambos con unas cerveza fría en la mano… En un buche, cayó una gota hacia su garganta que le bajó despacio hasta perderse en su escote. A Miguel le urgía ir al rescate de esa gota con su boca, como si en ello se le fuera la vida.
Cuando se quiso dar cuenta ella se había percatado de sus pensamientos, cogió la mano de él y la dirigío siguiendo el camino de la gota caída, en ese momento cerró los ojos y pensó que ya le molestaba el pantalón. No podía resistirlo más, la cogío en volandas y la montó encima de él y empezó a subirle la camiseta…¿Qué es ese olor, ese calor que desprende su piel? Es algo único que le hace que esté enganchado a ella como de ninguna otra droga se tratase, es algo que necesita palpar, oler, lamer y saborear. Terminó quitándole la camista y vió como suavemente le caía al paso su cabello…Cada vez la notaba más excitada, más alterada. Le quitó la ropa interior y por fin cumplió su objetivo, pasó su lengua por todo el pecho antes de llegar al pezón turgente y duro, que hacía que gimiera aún más. Sentía la insistencia de sus manos sobre su cabeza, para que siguiera.
No supera ese momento a cuando le pide que se la folle, no hay nada más excitante que su manera de pedirselo y su ansiedad por dárselo. Lo hicieron hasta caer desfallecidos rendidos por el cansancio.
No sabe que lo hace tan jodidamente excitante, por un lado piensa que es su situación de niña bonita pero rebelde o porque realmente tienen una conexión especial. Con este pensamiento se encendieron en él todas las alarmas:
- Carolina, lo siento, te tengo que dejar, me acabo de acordar de que tenía un asunto pendiente que debo de resolver ya.
- Pero mi idea era de que te quedaras aquí a dormir, mis padres no vendrán hasta la tarde noche.
- No, lo siento, ya nos veremos otro día.
No supo que miedo le entró pero debía de salir de allí, por muy bien que se lo hubiera pasado esa noche.









