Vanessa Beecroft
Vanessa Beecroft (Génova, 1969), italiana de nacimiento, aunque reside en Nueva York desde hace años, es, sin duda, una de las figuras indiscutibles del panorama actual. Su trabajo se expone en galerías, museos y centros de arte de todo el mundo a través de fotografías y vídeos. Estas imágenes son capturadas de unas acciones artísticas o performances previas, que son el eje central de su obra.
Beecroft trabaja la imagen de la mujer formando cuadros vivientes, obras provocadoras e intrigantes, momentáneas, que son capturadas a través de la fotografía y el video, por lo que son documentos parciales de lo que constituye la performance que es la verdadera obra de arte.

Estas siempre están formadas por grupos de mujeres (exceptuando VB39, 1999 en el Museo de Arte Contemporáneo de San Diego y de VB42, 2000, en el Space Museum de Nueva York, en los que si contó con modelos masculinos) desnudas o semidesnudas, que responden todas a una belleza similar, a un mismo rango de edad y que deben estar vinculadas a la artista, es decir, Beecroft busca sentirse identificada con sus modelos, por lo que pasan unos cuestionarios antes de participar en una de sus performance. Normalmente utiliza a modelos delgadas que recuerdan a modelos de pasarela, privadas de dicha función y de cualquier cosa que pueda expresar individualidad, uniformadas y homogeneizada, atentas a las órdenes de la artista. Las modelos no pueden hablar, sin moverse de su emplazamiento, sin comunicarse con el público, alejadas de la realidad pero interactuando inevitablemente con él, aunque no de una forma directa. En las obras de Vanessa Beecroft son básicas las relaciones establecidas entre las modelos y el público y entre cada uno de los individuos y el conjunto.
Las imágenes durante la performance, van cambiando. El tiempo ejerce de actor importante en las obras de Beecroft, desmontando el orden preestablecido. La artista juega con ello. Dicta las condiciones y permite que el cansancio de las modelos, producido por una larga e incómoda sesión, desmorone y haga decaer la formación inicial. Las frías y artificiosas imágenes, terminan doblegadas, trasformadas en iconos más mundanos. Abatidas mujeres, aburridas, sin fuerzas, derrotadas, que miran al infinito y que terminan sentadas, en cuclillas o tumbadas.

Como ya hemos dichos todas sus obras tienen un fuerte componente autobiográfico, en el que se muestra cierta obsesión por la delgadez, la apariencia física, el cuerpo femenino y la observación del mismo por parte de la sociedad y de la propia mujer. Un tema que aparece en toda su obra y que está fuertemente arraigado en la sociedad occidental, fruto de nuestros anhelos y obsesiones, que parte del deseo y de la imposición de la sociedad. De ahí que exista ese componente autobiográfico, ya que sufrió de anorexia durante la adolescencia y juventud, incluso esta experiencia personal marcó el inicio de su carrera. Los nombres de las exposiciones de esta artista se titulan con sus iniciales y el número de exhibición, la primera, VB01, tuvo lugar en Milán en 1993, en ella presentó dibujos y ocho años de su diario alimenticio, desde entonces ha ofrecido cada año exposiciones en galerías y museos alrededor de todo el mundo.

A pesar de sus problemas en su juventud, en sus obras no existe un mensaje claramente prefijado y prefiere que cada persona pueda pensar lo que quiera, vivir la experiencia a su modo y sacar sus propias conclusiones.
De manera que a partir de su obra VB53, la performance realizada en un invernadero de cristal y hierro, el Tepidarium de Roster en el Giardino dell’Orticultura de Florencia, en junio de 2004, vamos a sacar nuestras propias conclusiones a partir de una perspectiva de género, que es el caso que nos concierne.
Performance VB53

Empezaremos a describir lo que a través de la fotografía se puede captar a simple vista. Esta obra es realizada el 23 de junio de 2004, en el Tepidarium de Roster, del Giardino dell’Orticultura de Florencia, en la que vemos, en el centro del invernadero de cristal y hierro del Siglo XIX, un montículo de tierra negra de siembra, en la que se encuentran veintiuna mujeres jóvenes, hermosas y esbeltas. La mayoría de ellas son de raza blanca, aunque también hay mujeres negras y mulatas, formando prototipos físicos variados, desde morenas de origen latino hasta rubias nórdicas y pelirrojas. Sus cuerpos son muy semejantes entre sí en estatura y proporciones, aunque, al estar en diferentes posiciones sobre el montículo, se distorsiona esa similitud. Son desnudos integrales, únicamente calzadas con sandalias de tacón atadas con lazos, azul pálido para las de piel blanca y negros para las de color, y todas con los ojos pintados y grandes pestañas artificiales, las que están en un primer término tienen largas cabelleras que incluso llegan hasta los tobillos y se enredan en las piernas, en las del centro portan una media melena y el resto tienen el pelo rapado o recogido con mallas.
A parte de lo que se podría describir simplemente observando, es importante saber que las instrucciones dadas a las modelos, las cuales no todas eran profesionales, eran permanecer de pie, con los agudos tacones clavados en la blanda tierra, en una posición solemne, sin hablar, ni, en principio, moverse, y, por supuesto, cuando el público invitado accedía al edificio y la rodeaba, sin establecer ningún tipo de relación con él.
Otra característica es que la performance empezaría a las 17 horas hasta las 22 horas teniendo en cuenta que era el comienzo del verano, al empezar habría una gran luminosidad y cuando acabara sería noche cerrada, un cambio dramático crepuscular (Serraller, 2005). Además, con el paso del tiempo, las modelos descomponían la figura y, en cierto momento, podían arrodillarse, sentarse o tumbarse en la tierra, cuya húmeda negrura embarraba sus cuerpos, lo que también añadía más dramatismo a la final de la performance.

Como la propia artista comenta, lo interesante de estas obras es que cada persona pueda abstraer sus propias conclusiones, así que daremos nuestra opinión sobre la VB53. Por tanto, iremos por partes expresando con que intenciones, a nuestro parecer, la artista ha utilizado ciertos elementos, el tipo de mujer, sus características, etc.
Comenzaremos por lo central de la obra, que son las veintiuna mujeres en el centro del invernadero sobre el monte de tierra negra. Si nos fijamos en las mujeres, algunas con esos cabellos largos, perfectamente maquilladas y desnudas, nos pueden recordar a figuras religiosas como si fueran replicas de Magdalena, prototipos de Eva o un recuerdo a la Venus de Botticelli, es decir, recuerda a esa estética. El hecho de que todas las chicas sean de características semejantes es para quitar cualquier individualidad y conseguir un colectivo, personalmente podríamos pensar que es una forma de representar esta Era tecnológica, en el que todo parece hecho por el mismo molde, incluso las personas debido a la presión social, ya que en la realidad cualquier persona que no sigue a un colectivo y es más independiente e individual puede llegar a ser marginado por la sociedad o no bien visto. Referente a la estética de mujeres esbeltas y delgadas representa al canon de belleza actual y el deseo u obsesión de alcanzar esa imagen perfecta que actualmente en la sociedad tiene gran valor, de nuevo aparece la presión social y la tendencia que hoy en día tenemos de quitarle valor a lo individual y a lo que nos hace diferentes.
Con respecto al montículo de tierra oscura, que parece tierra fértil, de siembra, es el elemento esencial de la performance a nuestro parecer. Dentro de ese invernadero y sobre esa tierra, las muchachas que permanecen quietas en sus posiciones, sin poder hablar ni interactuar con el público, totalmente abstraídas de la realidad, parecen flores, además de que la estética que portan recuerdan a las ninfas griegas que podían transformarse en cualquier elemento de la tierra, por lo que, parece una forma de cosificar a las mujeres, que pueden ser observadas como si de un gran invernadero lleno de flores muy hermosas se tratase. Desde luego, es como siempre sea retratado a las mujeres en el arte a lo largo de la Historia, dando valor a la imagen del cuerpo de la mujer, en muchas ocasiones desnudas, y simplemente representadas como objetos bellos para el disfrute de los hombres del patriarcado.
En este caso, la artista se interesa por el cuerpo de la mujer, pero no busca el placer visual, si no, como el crítico Hickey dice: ellas son a la vez, menos eróticas y más chocantes; más que hacernos participar en un juego de fantasías eróticas, nos hacen reflexionar y avergonzarnos de nuestra corporeidad. Es decir encontramos a las mujeres de Beecroft a la vez más presentes y menos accesibles a nosotros de lo que desearíamos: inaccesibles para comprender y accesibles para nuestra mirada, por lo tanto, las personas no nos centramos en el hecho de que haya mujeres desnudas cerca, sino por la insuperable distancia entre el público y ellas, por lo que, no es una ansiedad de deseo, sino una necesidad de reflexión. Vanessa Beecroft no busca que el público se quede en la admiración de la belleza, sino busca otra significación para el cuerpo femenino, por ello, también es una forma de criticar el valor tan superficial que a lo largo de la Historia se le han dado a las mujeres en el mundo del arte, por lo que, invita a reflexionar sobre que hay, más allá de la simple belleza, en el cuerpo femenino.
Con el paso del tiempo, las mujeres se iban cansando y siguiendo con la metáfora de las flores parecían como si estas se doblaran, se rompieran o se mustiaran. El que las mujeres pudieran tomar otras posturas, como tumbarse o sentarse en la tierra, como producto del cansancio y, en consecuencia, manchando su cuerpo desnudo, manos, codos, muslos, rodillas, glúteos aparecen sucios, con restos de tierra, dando una mayor sensación de decrepitud, de ser el final de un proceso, proporcionándole a la performance un efecto más dramático, más teatral. Esto lo podemos interpretar como la obsesión que las mujeres tenemos por nuestra figura, no es una elección personal, sino fruto de una exigencia que las mujeres hemos sufrido durante décadas y siglos, ya que en tiempos pasados la exigencia, si eran de una clase social alta, consistía en resaltar la feminidad y la belleza con el fin de encontrar marido y ese era su objetivo principal como personas. Esto se ha ido transmitiendo, aunque el objetivo de ello se haya desvirtuado. En muchas ocasiones el no tener la figura que socialmente se considera la ideal, crea muchas frustraciones en las mujeres, sobre todo, durante la adolescencia y la juventud, pudiendo llegar a padecer trastornos alimenticios debido a la obsesión por el cuerpo, como a la propia Vanessa Beecroft le sucedió y de ahí que en todas sus obras halla mucho de sí misma.
Por lo tanto, la interpretación que hacemos de ese final en el que las chicas terminan sentadas o tumbadas manchándose de tierra es que esa preocupación por tener un aspecto impecable lleva al cansancio e incluso a desfavorecerse aún más llegando a poder enfermar. Este final también es una forma de darles humanidad a las mujeres, es decir, en un principio parecen objetos esculturales, ya que mantienen la misma postura y permanecen inertes y ajenas a lo que les rodea, pero al nacer en ellas el cansancio y cambiar sus expresiones, se modifica ese planteamiento de un principio, por lo que se puede extrapolar a que las personas no pueden soportar esa presión social de la perfección sobre la figura de la mujer.
En conclusión, la sensación o la reflexión general que podemos hacer sobre esta performance es la búsqueda de otra significación o redefinición del cuerpo femenino abriendo una brecha o rompiendo con la imagen tradicional de la figura femenina a lo largo de la Historia del Arte y comenzar con la búsqueda de la propia identidad y no de lo que se nos marca mediante la socialización y la Historia.
REFERENCIAS